viernes, 9 de julio de 2010

Un poco de mi...


La frase "¿Qué querés ser cuando seas grande?" propone un juego interesante. Muchas veces lleva a los niños a realizar un viaje por su imaginación que nunca antes se habían planteado. Médico, abogado, modelo, actriz, o bailarina...todas estas son respuestas probables de escuchar y de hecho, muchos de nosotros seguramente hemos sucumbido a alguna de estas respuestas en nuestra niñez; el hecho es que solo algunos llevan a cabo el plan de vida trazado a los 5 años, y yo puedo decir que soy una de ellas.

Nunca me gustó demasiado la idea de ser bailarina específicamente, más bien creo que siempre me atrajo la enseñanza. Tuve una excelente profesora(el día de hoy no solo profesora sino también amiga) quien me enseño, además de pasos y ritmos, a ver en la danza aquella voz interior que en ese momento coartaba mi absoluta timidez.

Puedo decir con orgullo que tuve a las mejores profesoras que he podido tener, y que hoy rescato lo mejor de ellas. Puedo decir con orgullo que cada vez que bailo saco lo mejor de mi, y puedo ser "yo" en forma completa durante cada minuto de la coreografía.

El amor que le tengo a la danza es recíproco y generoso, ya que nunca me sentí mejor que el día en que vi a mis primeras alumnas vestirse con sus flamantes y coloridos trajes subirse al escenario, muertas de nervios, pero confiadas en que yo estaría tras bambalinas bailando junto a ellas.

Los que me conocen saben que la danza me llena el alma, y como todo lo que llena el alma, a veces me ha dado cachetazos, pero siempre descubri la forma para transformar esos cachetazos en sonrisas…una de esas formas es ver a las pequeñas paraditas con una sonrisa bailando como si nada importara, con ese descaro (en el buen sentido) que solo pueden tener los chicos…

Es por eso que me dedico a esto: quiero lograr que estas pequeñas, que en algún momento imaginaron un gran escenario y un tutú en su futuro, amen a la danza como la amo yo...

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